3 min read

La atención - (ESP)

La atención - (ESP)

Cuando miramos nuestra vida o hacemos planes sobre nuestro futuro, nuestro cerebro nos da una sensación de control sobre lo que elegimos.

Pero nuestra atención es débil y golosa. Como un animal ante una trampa, cae una y otra vez con los mismos trucos. La gente más feliz y productiva que conozco está obsesionada con este tema. El resto vive un poco en piloto automático.

Me gustaría hacer una analogía. Hay muchas personas (hombres en general), adictos al mundo de las finanzas y las criptomonedas, que pasan muchas horas pensando sobre estos temas y que se indignan cuando alguien no da importancia a sacar rentabilidad de sus ahorros: ¿cómo??? ¿Que tienes tu dinero parado??? ¿pero no sabes que estás perdiendo dinero???

A mí me da un poco igual como la gente gestiona sus finanzas. Pero lo que sí que me indigna mucho es que la gente no valore su ATENCIÓN. ¡Es lo más importante que tenemos! Si crees que lo más valioso es nuestro tiempo de vida (y no tanto el patrimonio que seamos capaces de acumular) estamos en el mismo barco.

Hacemos un ejercicio. Imaginamos un mundo sin pantallas digitales (por ejemplo un escenario del siglo XVIII), las cosas que nos pueden robar la atención se reducen probablemente a las otras personas o animales que dependan de nosotros. Si vamos más allá y nos imaginamos una persona aislada, en una cabaña en el bosque o una celda monástica, son realmente pocas las cosas que nos pueden robar la atención más allá de nuestro propio flujo de consciencia (que no es poco). Este mundo sin pantallas ni personas es extrañamente planificable.

La ofensiva del dispositivo digital (con una compleja organización detrás) es esta: imitar las señales que evolutivamente nos hacen prestar atención.

Antes eran otras personas que realmente nos necesitaban. Ahora son ilusiones manufacturadas para extraernos valor. Somos vulnerables porque evolutivamente tiene sentido que las cosas importantes nos roben la atención. Las otras personas a menudo nos necesitan, es cierto. Pero no TAN a menudo.

La industria de la publicidad y todas las prácticas contemporáneas de "hacerse ver" en el mundo han encontrado en este perverso mecanismo una manera de optimizarse y tecnificarse. Han convertido nuestra atención en su campo de batalla más rentable.

A menudo nos comportamos como empresas con mala cultura: incapaces de cambiar porque hemos alcanzado inercias lentas y anti-estimulantes.

No todo el mundo tiene el mismo margen para escapar de esta inercia, hay un componente de privilegio innegable en la capacidad de decidir sobre la propia vida. Pero incluso con todos los privilegios del mundo, hay un mecanismo que nos afecta a todos: la inercia no es neutral.

Cierra las líneas de fuga esperanzadoras (los cambios que necesitas, proyectos que te importan) pero deja bien abiertas las distracciones. Esta es la trampa de la atención: no es un juego de suma cero. Cuando pierdes el control, no pierdes todo por igual. Pierdes la capacidad de hacer las cosas buenas (planificar, crecer, cambiar) pero mantienes la capacidad de consumir distracciones.

Es un filtro perverso: bloquea lo que necesitas, pero deja pasar lo que te perjudica. La vida en piloto automático cierra las líneas de fuga. Pero no cierra Instagram.

Aquí estoy en el mismo barco que los defensores de la meditación y el 'mindfulness'.

La realidad es que, más que nunca, hay una oportunidad magnífica para reivindicar nuestro bien más preciado: las 24 horas del día. Esta afirmación sonará potente a la gente hambrienta de vida y dejará indiferente a los puros brainrots.

La atención es un bien al mismo nivel que nuestro cuerpo, nuestro tiempo y nuestra identidad. No me refiero a maximizar nuestro tiempo productivo, sino al contrario: a decidir activamente cuándo no lo somos y de qué maneras no queremos serlo.

Se trata de un mecanismo evolutivo que se ha transformado en contraproductivo: el mismo mecanismo que debía filtrar lo irrelevante ahora filtra precisamente lo que necesitamos.

Creo que es buena idea (1) hacerse una idea cuantitativa de cuántas horas semanales pasamos en actividades que no queremos hacer (como doomscrolling) y (2) tomar medidas para concentrarnos en las actividades que nos hacen felices.

Para trackear en qué paso el tiempo utilizo el Digital Wellbeing integrado de Android y la app Screen Time Tracker. Mi "infraestructura" contra la distracción incluye Simple Time, One Sec, Forest, Notion y el mayor volumen de contenido posible en papel como blocs de notas y libros.