La dictadura de las reglas - (ESP)
Hay una idea de Donella Meadows (dinámica de sistemas) me ha cambiado la forma cómo analizo la política: un sistema no se define por lo que dice que quiere hacer, sino por lo que realmente hace. Esto tiene consecuencias en todo tipo de grupos (desde una familia a un estado).
Por ejemplo, hablando con gente de distintos ámbitos me he dado cuenta de que mucha gente que dice odiar la política y los políticos, lo que realmente quieren decir es que odian el electoralismo. Me explico: a menudo esta gente con la que hablo son personas curiosas, cultas y que por ejemplo SÍ que les gusta la historia o el debate entre ideologías, pero les frustra la desconexión aparente entre instituciones y las maneras de vivir de la gente.
Creo que es razonable.
Aunque, claro, el desinterés conduce a que el sistema se degrade aún más y yo no considero que haya modelos de sociedad justos que pasen por una ciudadanía desinteresada y totalmente alienada de cómo funciona el mismo sistema.
Por deformación profesional, me gusta ver los "sistemas políticos" como una rama de la dinámica de sistemas (que es una visión muy científica y orientada a datos) y hay mecanismos clave en la política que explican parte de la degradación. De hecho, son dinámicas que se pueden aplicar a cualquier grupo de personas.
Del micro al macro
Para empezar, una persona aislada en el mundo no hace nada. Toda nuestra biología está enfocada en desarrollarnos como seres sociales. Aunque sea interesante aislarse una temporadita (por ejemplo a mí me gustan los "detox digitales"), no hay desarrollo social y no hay nada que pactar cuando estamos solos.
La política empieza cuando las personas se juntan.
Los grupos son exclusivos por definición y la mayoría de dinámicas internas giran alrededor de consolidar el grupo como estructura social. ¿Definir el grupo de forma objetiva? ¿Mecanismos de inclusión de individuos externos de de manera justa? Esto son factores secundarios, que a menudo NO son el "objetivo" del sistema. En este sentido estoy muy influido por Thinking in Systems, de Donella H. Meadows.
Lo que es más difícil de entender de forma objetiva es que los elementos estructurales del grupo no son los que pensamos que son. Lo que caracteriza muchos grupos de personas es sobre todo un "cúmulo" de experiencias y valores comunes que separan los de dentro y los de fuera, y que funciona como barrera de entrada.
El grupo en sí no es que se posicione como "excluyente" pero a la vez, no hay manera de entrar en el grupo que no pase por "ser exactamente uno más del grupo" y hay mecanismos que resultan exclusivos. O muy hostiles a la diferencia.
El nacimiento de las reglas
El momento clave para la dinámica de grupo es cuando se define una regla. Las reglas no son solo el primer indicio de civilización, sino que tienen una característica importantísima: hacen visible una relación de poder y, por lo tanto, la evidencian. Definir una regla significa visibilizar quién manda y quién obedece. Eso por ejemplo no pasa en grupos menos estructurados (grupos pequeños de amigos, familia), dónde hay reglas, pero son inaccesibles e implícitas.
Las reglas, o las normas (o las políticas!), pueden ser definidas de arriba a abajo del poder jerárquico o pueden ser consensuadas entre una mayoría, pero lo importante, de nuevo, es que son explícitas y están poco o nada sujetas a interpretaciones contextuales Aplican siempre y a todo el mundo. Y aquí está el reto, porque en el mundo social prácticamente nada es libre de contexto.
Entonces, si las reglas son tan útiles, ¿por qué no se multiplican indefinidamente? Esto es exactamente lo que pasa en las sociedades más 'democráticas'. El "trade-off" clave aquí es que cuando más se "burocratiza" un grupo de forma consensuada, menos conveniente es para los individuos en el poder. Y la consecuencia no es un grupo más justo, sino los poderosos buscando formas alegales de influir.
El típico lobby de los poderosos
De hecho, los individuos poderosos del grupo en general funcionan como lobby para que no se consensúen reglas que los perjudican (esto es una tesis que defiende Mancur Olson aparentemente, aunque no sepa mucho de él). Como resultado, la mayoría de reglas en grupos burocratizados son leyes que benefician directamente los poderosos y la estabilidad del grupo (la estabilidad es condición necesaria del poder de los poderosos).
En la práctica, los poderosos del grupo no quieren reglas que les limiten, y de hecho, los grupos sociales grandes y con reglas consensuadas son una anomalía histórica total (alguien podría verlo como un milagro). A menudo, las mafias y la represión por parte de una minoría (poderosa) son formas mucho más sencillas para garantizar la estabilidad.
Esto nos da una base para entender las democracias liberales modernas: las leyes que se pueden consensuar en ningún caso amenazan la estabilidad de lo que se constituye como grupo, y de manera orgánica las cosas que se pueden decidir de forma consensuada son las que acaban teniendo poco impacto en la configuración del grupo como tal. Las importantes no se someten a votación.
Desde este punto de vista, un indicativo de grupo socialmente maduro no es simplemente tener muchas reglas, sino que estas reglas vinculen también a los individuos con poder (aquí estoy muy influido por D. Acemoglu y J. Robinson en Why Nations Fail, en contraposición a un poder que hace reglas "solamente para los otros").
La paradoja de las reglas
El problema de las reglas o del exceso de leyes es que los grupos socialmente maduros son tan complejos que pierden el acceso a toda la información para tomar buenas decisiones y acaban tomando... decisiones malas (o subóptimas). A la larga, esto los puede hacer menos competitivos contra otros grupos más ágiles (esto es una idea de Herber Simon sobre sistemas en general que cojo a grandes rasgos, de las Ciencias de los Artificial). En el caso de instituciones públicas, el problema a menudo es que los sistemas menos complejos son también menos justos como consecuencia de su agilidad.
El gran reto con los grupos muy burocratizados es la siguiente sucesión de eventos: primero el grupo se convierte en un sistema demasiado complejo, luego se aprueban reglas de forma demagógica que no funcionan (esto quiere decir que no regulan bien las prácticas sociales, que son lo que las personas hacen en el mundo real), finalmente, la fe en las reglas cae y esto va en detrimento de la justicia del grupo. Es un loop peligroso.
Si las reglas son absurdas se pueden crear sistemas de reglas paralelas no-consensuadas y los sistemas alegales, mafias o lobbies ganan protagonismo. Por lo tanto, las reglas solas no son suficientes: es la combinación de reglas y de fe en las reglas lo que hace que los grupos regulados funcionen.
Aquí ya cada uno puede aplicar este "aparato" a sus grupos o su política institucional de confianza. A menudo es difícil decir qué políticas (qué reglas) son buenas o malas. Pero la gente que conozco con una visión profunda de las instituciones no se obsesiona mucho con una ley que es injusta puntualmente, sino en blindarlas de una forma que no puedan influir los intereses no-institucionales. Todo esto de hecho, es lo que se conoce como "salud democrática".